Taller de Fresas

Cómo elegir colorantes para chocolate en aceite para diseños coloridos

Cómo elegir colorantes para chocolate en aceite para diseños coloridos

Esa tarde de diciembre que casi tiro la toalla

Todavía me acuerdo y me da una rabia en el pecho. Fue una tarde calurosa de diciembre, de esas donde la humedad en Pereira se le pega a uno a la piel y no lo suelta. Tenía un pedido de última hora para una vecina que quería unas fresas decoradas con tonos pastel para un bautizo. Yo, toda confiada, saqué mi chocolate blanco —que ya saben que es el más caprichoso de todos— y le eché un chorrito de ese colorante en gel que usaba para el merengue de los pasteles de mis sobrinas.

Fue cuestión de segundos. Vi con horror cómo el chocolate, que estaba fluido y brillante, se transformaba en una masa arenosa, opaca y tiesa. Al tocarla con la espátula, el momento en que toqué la masa de chocolate arruinado y se sentía como plastilina vieja y granulada entre mis dedos, supe que había perdido la mitad del bloque. No hubo forma de rescatarlo. Me tocó salir corriendo al Éxito por más chocolate y ahí mismo empecé a entender que en este negocio, el agua y el aceite no se saludan ni por educación.

Ese error me costó casi medio día de pedidos y una frustración que no le deseo a nadie. Pero bueno, así es como uno aprende en esta cocina: a punta de golpes. Si estás empezando a vender tus arreglos por WhatsApp, lo primero que tienes que grabarte en la cabeza es que el chocolate es una grasa y cualquier gota de humedad lo mata. Por eso, elegir el tinte correcto no es un lujo, es lo que separa un negocio que da plata de uno que solo da dolores de cabeza.

Chocolate blanco con textura granulada y opaca por error al teñirlo

¿Por qué el chocolate es tan 'delicado' con el color?

Fíjate que el chocolate blanco, que es el que más usamos para teñir, técnicamente es una mezcla de manteca de cacao, azúcar y sólidos de leche. Para que se considere chocolate blanco real, debe tener un contenido mínimo de manteca de cacao del 20 por ciento. Esa grasa es la que le da esa textura rica, pero también es lo que lo hace tan sensible.

Resulta que hay un límite de humedad en el chocolate antes del endurecimiento, y ese límite es apenas del 1 por ciento. Si te pasas de ahí con un colorante que tenga base de agua o glicerina (como los de gel o los líquidos de repostería común), las moléculas de grasa se asustan y se agrupan, creando ese desastre que me pasó a mí. Por eso necesitamos colorantes liposolubles, que están diseñados para disolverse en los lípidos o grasas del cacao sin romper la armonía de la mezcla.

A ver, yo no soy química ni tengo un título de gastronomía, pero después de pagar un par de cursos que resultaron ser puro humo, entendí que si no cuidas la temperatura y el tipo de pigmento, estás tirando la plata. Por ejemplo, siempre trato de que la temperatura máxima recomendada para fundir sucedáneo no pase de los 50 grados Celsius. Si te pasas de ahí, el chocolate se quema y ni el mejor colorante del mundo lo salva. Es mejor ir despacio, con paciencia, como quien cuida un tinto en la estufa.

Colorantes a base de aceite vs. polvos: Mi gran descubrimiento

Durante las semanas previas a San Valentín, me volví loca probando marcas. Hay dos tipos principales de colorantes que nos sirven: los líquidos a base de aceite y los polvos liposolubles. Los líquidos son muy cómodos porque vienen listos para usar, pero fíjate que a veces traen tanto aceite que, si quieres un color muy intenso (como un rojo Navidad o un azul oscuro), terminas echándole tanto que el chocolate pierde su firmeza y no endurece bien en la fresa.

Ahí fue cuando hice mi gran descubrimiento, y es lo que te quiero recomendar para que no gastes de más. Olvídate de comprar la gama completa de botellitas líquidas; mezclar colorantes en polvo liposolubles con manteca de cacao es mucho más eficiente y económico. Los polvos son pigmentos puros. Yo compro los tarritos de colores primarios y voy armando mis mezclas. Es como volver a las clases de arte de la escuela, pero con algo que se come.

Hace apenas un par de meses, probé esta técnica para un pedido de grado. Compré un poquito de manteca de cacao aparte, la derretí y ahí disolví el pigmento en polvo hasta que quedó una pasta súper concentrada. Luego, esa pasta se la añadí al chocolate blanco derretido. No te imaginas el brillo satinado que adquiere el chocolate blanco cuando se mezcla suavemente con una sola gota de colorante turquesa a base de aceite o con esa mezcla de polvos bien disuelta. Queda como de revista, sin cambiarle el sabor ni la textura.

Cómo mezclar sin que el chocolate pierda su fuerza

Si te decides por los colorantes líquidos a base de aceite, que son los más fáciles de encontrar en las tiendas de repostería de Pereira o por internet, ten cuidado con la mano. Yo siempre digo que menos es más. Empieza con una gota, revuelve con movimientos envolventes y espera unos segundos. El color a veces se demora un poquito en 'despertar' del todo mientras se integra con la grasa.

Una cosa que aprendí a las malas es que el chocolate blanco tiene un tono amarillento natural por la manteca de cacao. Si quieres un blanco nieve o un color pastel muy limpio, primero tienes que usar un poquito de colorante blanco (dióxido de titanio, le dicen los técnicos) para neutralizar ese amarillo. Si no lo haces, ese azul cielo que querías te va a terminar saliendo un verde aguacate que no le pega a nada.

A veces me preguntan si se pueden mezclar marcas. Yo te diría que trates de no hacerlo en la misma tanda. Cada fabricante usa una concentración de laca diferente y a veces no se llevan bien. Si estás siguiendo uno de los mejores cursos de fresas con chocolate para emprender desde casa, seguramente te habrán dicho que la consistencia es la clave. Si el chocolate se te empieza a poner espeso mientras lo tiñes, no le eches más calor de una; a veces solo necesita un poquito más de movimiento para recuperar la fluidez.

Pigmentos en polvo para chocolate y manteca de cacao sobre mesa de madera

El truco para no gastar de más en San Valentín

Cuando llega la temporada alta, como San Valentín o el Día de la Madre, los precios de los insumos en los almacenes suben o se agotan los colores más buscados. El año pasado, por ejemplo, el colorante rojo desapareció de todas las tiendas de la zona. Ahí es donde te sirve tener tus polvos. Con un solo tarrito de rojo en polvo y un poco de manteca de cacao, saqué adelante más de cincuenta cajas de fresas sin tener que pagar sobreprecios en las tiendas de cadena.

Para que tus diseños no se vean planos, juega con las intensidades. No necesitas diez tonos de rosado. Con un solo pigmento puedes hacer desde un rosa bebé (usando una pizca) hasta un fucsia vibrante. Eso sí, asegúrate siempre de que las fresas estén bien secas antes de sumergirlas. Si la fresa tiene una gota de agua del lavado, el chocolate se va a cortar justo ahí y se va a ver horrible. Yo siempre recomiendo leer sobre cómo comprar fresas de calidad para arreglos frutales que no se dañen porque la base de todo es la fruta.

Otra cosa: no soy profesional de la salud ni tengo formación médica, así que siempre les digo a mis clientas que si tienen alguna alergia alimentaria me avisen. Algunos colorantes muy intensos pueden tener componentes que a ciertas personas no les sientan bien, así que mejor preguntar antes de entregar el pedido. Es mejor prevenir que tener un problema con una vecina.

Fresas decoradas con chocolate de colores pastel sobre papel de hornear

Reflexiones finales desde mi cocina

Al final del día, esto de los colorantes es de pura práctica. No te frustres si la primera vez el color te queda veteado o si el chocolate se te pone un poquito rebelde. A todas nos ha pasado. Lo importante es que dejes de gastar plata en productos que no son para chocolate. Ese colorante de 2.000 pesos que venden en la esquina para las gelatinas no te va a servir aquí; te va a salir más caro porque vas a perder todo el chocolate.

Invertir en un buen kit de polvos liposolubles o unos tres colores básicos de buena calidad a base de aceite es la inversión más inteligente que puedes hacer. Te ahorra tiempo, te ahorra materia prima y, sobre todo, te da la tranquilidad de que cuando abras esa caja de fresas frente al cliente, los colores van a estar vibrantes, brillantes y perfectos. Yo sigo aquí en mi cocina en Pereira, empacando los pedidos del fin de semana, y te aseguro que desde que cambié mis colorantes, mis clientas notaron la diferencia de inmediato. ¡Ánimo y a practicar, que de los errores es que salen las mejores maestras!

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